Nadie habla de esto, pero casi todos lo hacemos - Agust铆n Villanueva Ochoa


Hay comportamientos tan normalizados que dejan de llamar la atenci贸n. Forman parte de la vida cotidiana y, aun as铆, influyen m谩s de lo que solemos admitir.

Uno de ellos aparece al mirar de reojo la vida de otros, al detenernos un segundo m谩s de lo necesario en una historia ajena. Al preguntarnos, aunque sea brevemente, c贸mo vamos en comparaci贸n.

Nadie habla de esto, pero casi todos lo hacemos.

La comparaci贸n suele llegar sin dramatismo. Se presenta de forma ligera, casi como una curiosidad. Un chequeo r谩pido que dura poco, pero deja algo.

Compararse no siempre es envidia; a veces es s贸lo un c谩lculo apresurado. Ese c谩lculo rara vez toma en cuenta la historia completa.

La comparaci贸n aparece como referencia, como orientaci贸n, como una forma de ubicarse. Compararse suele parecer inofensivo, hasta que uno se descubre repasando mentalmente vidas ajenas como si fueran pendientes propios.

La comparaci贸n silenciosa

Casi nunca nos comparamos con vidas completas. Nos medimos con fragmentos: una foto, un anuncio, un resultado final.

Rara vez nos comparamos un lunes cualquiera; solemos hacerlo en el mejor momento ajeno.

Compararse toma poco tiempo; explicarse por qu茅 lo hicimos suele tomar bastante m谩s.

Compararse no siempre roba alegr铆a; a veces la pospone. No siempre desanima; a veces empuja a ir m谩s r谩pido de lo necesario. Y esa aceleraci贸n constante deja poco espacio para mirar lo propio con calma.

Cuando la referencia se vuelve regla

La comparaci贸n empieza como un gesto aislado, pero con el tiempo puede volverse criterio. Aquello que era una mirada ocasional se transforma en vara de medici贸n.

La vida propia comienza a leerse en funci贸n de avances ajenos. El ritmo se ajusta, las expectativas cambian, la percepci贸n se estrecha. Todo parece pedir una actualizaci贸n constante.

La comparaci贸n tiende a simplificar vidas que en realidad son complejas. Convierte trayectorias largas en resultados visibles y procesos llenos de matices en escenas breves.

Mirarse a trav茅s de esos recortes termina por distorsionar la percepci贸n de lo real.

El efecto discreto

La comparaci贸n rara vez hace ruido. Se instala. Ajusta decisiones peque帽as. Modifica estados de 谩nimo. Cambia la forma en que se celebra, o se minimiza, lo que s铆 est谩 pasando en piel propia.

Mientras la atenci贸n se dirige hacia afuera, algo empieza a quedar en segundo plano: la experiencia personal.

Se pierde perspectiva.
Se pierde contexto.
Se pierde paciencia.

Medir distancias sin mapa deja la sensaci贸n de estar siempre un paso atr谩s.

Un desliz frecuente

En alg煤n punto, la comparaci贸n tambi茅n funciona como excusa. Permite decir “voy tarde” y olvidar que cada quien avanza a su ritmo y por su camino.

La comparaci贸n rara vez se agota en un s贸lo terreno:
Hay quienes se comparan porque no tienen el trabajo que desean.
Hay quienes lo tienen y se comparan porque no han formado una familia.
Y hay quienes, aun teniendo ambas, encuentran otro punto desde donde medirse.

La referencia siempre se mueve.

Una invitaci贸n a la reflexi贸n

¿Cu谩ntas decisiones que hoy llamamos propias comenzaron como una vida ajena bien vista desde lejos?


“No son las cosas las que perturban, sino la opini贸n que tenemos sobre ellas”.
Epicteto


"Sapere aude" por Agust铆n Villanueva Ochoa.

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